FLAMENCO



HISTORIA:


Lebrija es una población muy ligada al flamenco y especialmente a Jerez y a Utrera. Tiene características genéricas del flamenco de la zona, pero también ha aportado rasgos particulares y aires propios que lo han enriquecido, creando un modo de entender y vivir el flamenco muy genuino que ha atraído a buenos aficionados, numerosos artistas y estudiosos del tema, llegando a despertar interés mundial.
La importancia del flamenco en Lebrija es por sus artistas de nombre y fama internacional, pero ellos no surgen de forma espontánea, son fruto de una historia rica, en la que el flamenco no tenía esa popularidad pública sino que estaba restringida al ámbito privado y familiar.
Son muchos los nombres que podemos destacar, familias como los Pinini, los Bacán, los Peña, los Lagaña y figuras como Lebrijano el Viejo, Tío Juaquinín, El Chozas, La Rumbilla o María la Perrata recogieron los aires de sus ancestros, y, aportando matices propios en las formas de expresar este arte, han ido configurando el flamenco en Lebrija, para, a su vez, ser sus transmisores de generación en generación hasta llegar a sus exponentes actuales: El Lebrijano, Curro Malena, Inés Bacán, Miguel Funi o Manuel de Paula son los más destacados en el cante; Pedro Peña y Pedro Bacán en la guitarra; y Concha Vargas en el baile.
Pero en la última generación de artistas también se encuentran nombres lebrijanos, así José Valencia, Antonio Malena, Anabel Valencia o David Dorantes son figuras jóvenes que están sobresaliendo en sus distintas facetas, cante, guitarra o piano.


ARTISTAS.

En un principio, Lebrija mantuvo más en el ámbito doméstico sus propuestas jondas que otras poblaciones. Pero el rigor nos obliga a citar a un cantaor primigenio llamado Diego el Lebrijano, artista nacido en 1847, y del que según cuentan las crónicas de la época era un especialista en cantes tales como la toná, la siguiriya, la caña y la soleá.
Más tarde, desde Jerez, llegaría una figura clave en la configuración de los cantes lebrijanos. Me refiero a Juan Moreno Jiménez, apodado como "Juaniquí", que nació en la ciudad del vino el 18 de marzo de 1862, pero estuvo muy vinculado a los campos de Lebrija y sus alrededores. Era compadre de Joaquín el de la Paula y falleció en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en 1946. A partir de Juaniquí se puede hablar de soleares de Lebrija, aunque muy emparentada con las formas jerezanas. Casi a medio camino. La labor de este gran cantaor, en opinión de los Soler, fue la de imprimir un sello inconfundible a algunos estilos de la Serneta y Triana. De ahí, una de las características fundamentales de este tipo de soleá con tercios cortos y fuertes subidas tonales en los últimos. A Juan Moreno se le atribuyen hasta cuatro recreaciones de soleá.
De aquella época también fue Fernando Peña Soto, apodado como "Pinini", que nació en Lebrija el 16 de mayo de 1863, aunque más tarde se trasladara a Utrera. A él se le debe una especial suerte de cantiña con tufos de romera y un impresionante patriarcado flamenco que llega a las conocidas Fernanda y Bernarda de Utrera, nada menos. Un hijo de "Pinini", Benito Peña Vargas, fue un extraordinario cantaor y bailaor, consumado intérpretes de soleás y siguiriyas, quien cuentan rivalizaba con el propio Manuel Torre. Otra Peña Vargas fue Fernanda la de Pinini, hermana del anterior, quien al casarse con Juan peña "Funi" devolvió parte de la dinastía a Lebrija. Es el continuo flujo y reflujo entre ambas poblaciones que he señalado.

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